Quién Soy
Me llamo Mita Adriana Beutel.
Llevo 30 años dedicando mi vida a crear Proyectos relacionados con el Autoconocimiento y desarrollo personal.
Esta aventura empezó con una íntima necesidad de conocer y comprender mi historia de vida.
El movimiento siempre fue mi vía de expresión, primero con la Danza Clásica y varios estilos de trabajos corporales que me ayudaron a desarrollar una sensibilidad e inquietud de conocer más profundamente mi continua indagación:
¿qué hago con la tristeza y sufrimiento que me acompaña? ¿cómo puedo transformar la carencia en caricias sanas?
Así fue que me llevó, toda una vida, a indagar e investigar.
Viajé por varios lugares y países, dedicando tiempo y espacio a encontrarme y así fui rescatando una comprensión menos sesgada y más amplia del todo.
En esta búsqueda encontré personas de todo tipo, como buscaba fuera la fórmula mágica para mi sanación fui creyendo y pensando que alguien o alguna técnica podría hacer el trabajo por mi. Con el tiempo fui comprendiendo que muchos espacios solo me enseñaban cómo volver hacia dentro.
Y fui integrando en la vida cotidiana el soltar de manera paulatina y sana. El reconocer mis enfados y proyecciones me enseñaron la auto responsabilidad.
Tenía claro que mi camino era aprender desde el cuerpo y los nudos fueran deshaciéndose muy paulatinamente.
Cada vez que reconocía y daba espacio a la carencia, dudas, desconfianza, timidez, alta sensibilidad, me abrían nuevos espacios y pasaba hasta a respirar mejor.
Dejé de sentirme víctima o especial y aprendí que el sufrimiento era necesario no para paralizar y quedarme pegada a una etiqueta, pero para poder ofrecer mi vida como una referencia de resiliencia y confianza a la vida.
Todas las colaboraciones que hice hasta hoy salieron de vivencias personales para la colectividad.
El sufrimiento es algo común a todo ser humano, no importando su origen, religión, edad o estado civil. Todos queremos vivir felices, en paz y sentirnos seguros.
Cuando empecé a introducir la meditación en mi vida, descubrí un refugio, un lugar seguro dentro de mí, de presencia y amistad y ahora este lugar es el que anido cada día.
Siempre me gustó caminar y fué caminando el Camino de Santiago que encontré la compasión. Mi corazón se fue abriendo, el contacto con la naturaleza flexibilizando mi mente a cada paso.
Comprendí que aprender a amarme y respetarme me da la oportunidad de una mirada nueva y sin condicionamientos.
Hoy sé que vine con un propósito:
Amar y ofrecer mi trabajo de escucha, presencia y calor humano para quien quiera aventurarse a abrir un espacio de comprensión y cariño hacia uno mismo.
Tengo un currículum extenso y puedes mirarlo si deseas, pero lo que realmente creo que es importante es reconocer que vivimos en esta danza constante de dentro y fuera.
Que es importante vivir compartiendo la vida, pero si compartes unos instantes a tu autoconocimiento serás muy útil a lo que te rodea.
No tengas miedo de venir hacia dentro, porque es donde está tu mayor tesoro.
Pase lo que pase el amor es lo único que vale la pena.
Colaboraciones









